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domingo, 31 de enero de 2021

PASEANDO POR EL CLAUSTRO DE LA CATEDRAL

PASEANDO POR EL CLAUSTRO DE LA CATEDRAL DE ÁVILA

 

La catedral de Ávila se empieza en el siglo XIII, pero los dineros no eran abundantes, así que la obra se fue alargando hasta el siglo XV. El claustro se hace casi todo él en el siglo XIV.

         He paseado muchas veces por este claustro, y aún lo sigo haciendo con cierta frecuencia. Me gusta mucho su silencio, es un silencio que se altera de vez en cuando por el piar de los gorriones o por las pisadas de algún que otro visitante. Es un silencio que da compañía, un silencio que hace que no te sientas solo. Cuando paseo por aquí pienso en cosas o a veces no pienso en nada, a veces paseo escuchando el silencio.

         En los muros se ven sepulcros de obispos, religiosos y nobles. Personas que en vida debieron ser muy importantes, pero a los que ya ahora nadie recuerda. Y siempre que visito lugares como este, lugares con tumbas de hace siglos, me acuerdo de los versos de Jorge Manrique:

 … allí van los señoríos

derechos a se acabar

 y consumir

allí, … son iguales

los que biven por sus manos

y los ricos

         Pero por un extraño efecto de desconocida causa, el tiempo no pasa. Me son familiares estas tumbas, es como si las hubiese conocido, como si hubiese vivido en la época de estos personajes y compartido con ellos sus avatares, sus inquietudes y sus esperanzas.

          Quizás la causa esté en lo que escribió Azorín refiriéndose a los claustros de las catedrales: …aquí el tiempo no tiene valor, el tiempo no pasa, el tiempo es más largo o más breve – no lo sabemos – que en otra parte alguna. Las horas pasan; de pronto caen sobre nosotros, en el silencio profundo, en la quietud augusta, las campanadas lentas, pausadas, graves, sonoras, del reloj de la catedral.

         Hace siglos no había relojes, pero sonaban las campanas. Son las mismas campanas que nos dicen a nosotros lo mismo que dijeran, hace dos siglos, hace seis siglos, a otras generaciones que ya desaparecieron en lo eterno. Y como nos lo dicen a nosotros, lo dirán también dentro de otros dos o seis siglos a nuevas generaciones.

         En el pequeño jardín del interior del claustro hay unas rosas plantadas. Son rosas que morirán dentro de unos días. Pero habrá otras rosas dentro de unas centurias que serán tan bellas como estas, y también esas rosas entonarán para el que pasee por este claustro la misma canción de languidez y de melancolía que éstas.

         En este claustro, lo eterno siempre está presente, por todos los sitios, por todos los rincones, hay como un halo de la eternidad.


martes, 22 de enero de 2019


LA CATEDRAL (6)
EL TRASCORO (2)
         Queda el gran panel de la presentación en el Templo. Aquí no hay movimiento de las figuras. ¿Pero hay movimiento plástico? ¿Hay elementos que nos invitan a recorrer con la vista el conjunto?
          Aparentemente no. Son figuras estáticas con ropajes en los que abundan los pliegues verticales. Pero para mí hay algo que me obliga a quedarme en ese conjunto de figuras y me lleva de un lugar a otro. Intentemos descifrar que puede ser. 
          Casi todas las miradas convergen en Jesús excepto la de San José ¡pobre San José! ¡casi siempre se le deja de lado! ¡es un personaje un poco incómodo en la vida de Cristo! ¡Qué poco se habla de él en los evangelios!
         Las líneas ya son bastantes líneas. La mirada ya tiene por dónde ir. Pero hay exceso de líneas rectas en los ropajes, y a tantas líneas rectas se las contiene con esos tres semicírculos, con esa especie de bóvedas que hay por encima de los personajes.
         Los escalones horizontales que se ven entre los personajes no son cosa accidental. Subir por una escalera no es subir por una rampa, Hay descansos, en este caso descansos para la vista, para que no suba demasiado rápido.
         Los pliegues en los ropajes de algunos personajes obliga a la vista a detenerse, a recorrerlos. Obliga a hacer una pausa para luego proseguir en su camino ascendente.
         En la parte alta hay una serie de figuras que normalmente pasan desapercibidas. Son figuras de santos, profetas, etc. y que tienen una especie de banda o de franja para colocar su nombre y así identificarlos. A mí me parece que esos nombres se han borrado, quizás fuese pintura y los siglos se la han tragado.
                 En esta foto se ven dos de esas figuras. La de la izquierda de la foto es de más calidad plástica que la otra. Es una escultura muy dinámica, a la posición del cuerpo y de las ropas se une la posición de la banda de la que he hablado antes y que con su forma recoge y a la vez mueve a todo el cuerpo.
         Y con esto dejamos el trascoro. El que quiera saber más que vaya allí y mire y mire con detenimiento.

domingo, 20 de enero de 2019


LA CATEDRAL (5)
El trascoro (1)
         El trascoro, o parte trasera del coro, es el conjunto escultórico más importante de la catedral. Se hace sobre 1535 por Juan Rodríguez y Lucas Giraldo.
         Estamos en el Renacimiento. Es la época de la historia en la que los hombres vuelven sus ojos hacia la antigua Grecia y Roma. Renacen los ideales platónicos de sabiduría, belleza y virtud. El hombre sabio es un hombre virtuoso. La belleza conlleva la armonía y el equilibrio, en las esculturas, en los edificios, en las ciudades, en el alma del hombre. Y esto se ve aquí.
         Hay tres paneles más grandes, de las mismas proporciones y que seguramente guardan una relación con la proporción humana, según lo estudiado por Leonardo da Vinci y Vitrubio.
         Y esas proporciones se modifican en los dos paneles pequeños y en los círculos, pero de forma que resulta un conjunto armónico y equilibrado. Lo que hay por encima tampoco es baladí. Basta con quitarlo para ver como todo el conjunto se deshace, se desequilibra. 


          Y en todo este conjunto escultórico se representa la infancia de Cristo. ¿Hay algo alegórico en esta representación y en el lugar en que está? Puede ser que sí. Hemos entrado en la catedral y no hemos visto nada importante desde el punto de vista religioso. Lo importante viene ahora, está detrás del coro, allí está el altar, allí se celebra la misa, ese es el lugar de Dios. Y todo lo que hemos visto hasta ahora es como el comienzo, como la infancia de Dios, pues lo importante de Él está por llegar. ¿Y qué mejor que representar en este lugar la infancia de Cristo, la infancia de Dios?

         Y vamos con las esculturas. Aquí se representa la Adoración de los Reyes Magos. La calidad estética es muy grande y no lo es por el realismo de las figuras, sino por su dinamismo.  Es un grupo dinámico estéticamente. La vista lo va recorriendo, pasa por todos los lugares sin dejarse nada por ver. ¿Y qué ha hecho el artista para conseguir esto? Pues colocar las figuras de determinada manera. Vamos a ver cómo.
         La cara de San José está en línea con la de la Virgen, con la del Niño y con la del rey arrodillado. La vista recorre esa línea sin dificultad.
         Del rey arrodillado va otra línea por el escudo redondo hasta el rey que está a la derecha de la foto. Y la cabeza de ese rey, la de Baltasar y la de San José están alineadas. La mirada de Baltasar nos lleva a la Virgen y al Niño, no se sabe bien a cuál, pero al estar tan próximos vemos los dos.
         Vemos como la disposición de las caras y miradas crea unas líneas imaginarias que la vista recorre sin dificultad, yo diría que casi obligan a la vista a ir por ellas.
         Pero ¿y por los ropajes? ¿También hay líneas por las partes bajas de la composición escultórica?
          Todas estas líneas unen unas partes con otras y en casi todos los cruces de líneas se puede dejar la que se seguía y coger otra nueva. Todo ello hace que la vista se recree sin quererlo en todo el conjunto, va, viene, pasa de una dirección a otra y a esto se llama dinamismo plástico. Y el dinamismo plástico es una de las características que definen la calidad de una obra.
         No hay que confundir el dinamismo plástico con el movimiento. Este grupo de la Matanza de los Inocentes tiene movimiento, el movimiento de las figuras, y dinamismo plástico. El movimiento de las figuras viene dado por los gestos y posiciones de los personajes, de ellos individualmente y de unos para con otros.
         El movimiento de estos dos personajes está en relación el uno con el del otro, no se concibe esa posición aislada de cualquiera de los dos personajes.
         El dinamismo plástico surge de las muchas líneas que relacionan unos lugares con otros, y nos llevan por ellos. Invito al lector a que busque algunas de esas líneas, seguro que no le será difícil encontrarlas.

martes, 15 de enero de 2019


LA  CATEDRAL (4)
EL CLAUSTRO
         El claustro de la catedral era un lugar aislado y que casi siempre estaba cerrado cuando yo era niño. Allí se guardaban los pasos más grandes de las procesiones de Semana Santa. Algunas veces, cuando la puerta estaba abierta entrábamos, los mirábamos y enseguida nos íbamos. Era un lugar muy solitario, muy silencioso y esas imágenes eran muy grandes y nos imponían respeto ¡mira que si se empezaban a mover!

         A mis nueve años mi tía Isabel me dijo que si rezabas a la Virgen del Pastel y le pedías algo te lo concedía, y que estaba en el claustro. Un día de los que me daba por entrar en la catedral vi el claustro abierto y sin pensarlo me metí a ver si encontraba a la virgen. Y sí, allí estaba, era una gran imagen gótica. Todo contento por mi hallazgo fui a salir, pero la puerta estaba cerrada. Empecé a darle patadas y a aporrearla y afortunadamente el sacristán lo oyó, abrió la puerta y pude salir. Me fui corriendo hasta mi casa sin parar.
         Luego he entrado muchas veces al claustro, y todavía lo hago de vez en cuando.
         Se hace casi todo él en el siglo XIV y en el XVI se le añade la crestería renacentista de granito.
         La luz entra a raudales. El silencio solo se ve alterado de vez en cuando por el piar de los gorriones. Aquí se puede pasear mientras se lee, o se pasea pensando cada uno en sus cosas o se pasea sin pensar en nada.

         En los muros y en el suelo se ven sepulcros de personas que debieron ser muy importantes, pero a los que ya ahora nadie recuerda.

         Aquí, junto a un sepulcro medieval está enterrado Adolfo Suarez y su esposa. La gente aún se acuerda de él. De Claudio Sánchez Albornoz, que está también cerca, ya se acuerdan menos personas. Dentro de 60 ó 70 años, excepto los historiadores y unas pocas personas más, nadie sabrá quienes fueron estos personajes. ¿No es lo mismo que pasó con los importantes obispos y magnates enterrados aquí hace siglos?
         Refiriéndose a los claustros Azorín escribió: aquí el tiempo no tiene valor, el tiempo no pasa, el tiempo es más largo o más breve – no lo sabemos – que en otra parte alguna. Las horas pasan; de pronto caen sobre nosotros, en el silencio profundo, en la quietud augusta, las campanadas lentas, pausadas, graves, sonoras, del reloj de la catedral.
         Hace siglos no había relojes, pero sonaban las campanas. Son las mismas campanas que nos dicen a nosotros lo mismo que dijeran, hace dos siglos, hace seis siglos, a otras generaciones que ya desaparecieron en lo eterno. Y como nos lo dicen a nosotros, lo dirán también dentro de otros dos o seis siglos a nuevas generaciones.
         En el pequeño jardín del interior del claustro hay unas rosas plantadas. Son rosas que morirán dentro de unos días. Pero habrá otras rosas dentro de unas centurias que serán tan bellas como estas, y también esas rosas entonarán para el que pasee por este claustro la misma canción de languidez y de melancolía que éstas.
         En este claustro, lo eterno siempre está presente, por todos los sitios, por todos los rincones, hay como un halo de la eternidad.

LA CATEDRAL (3)
         Vamos dentro de la catedral. Yo he entrado muchas veces. Cuando era niño siempre estaba abierta y a veces cruzaba por ella para ir al Grande pues se tardaba menos. No eran muchas las veces que lo hacía pues en la salida había un trozo muy oscuro y… ¡mira que si salía algún muerto! Otras veces entraba porque sí, para mirar cosas.
         Y cuando se entra se ve algo inmenso. Alto, grandioso. Las fotos no hacen justicia. Recuerdo cuando entró mi nieta Elena a los 3 años y me dijo: ¡Qué alto, que gande!
         Estas enormes catedrales dan idea de la inmensidad de Dios. En ellas uno se siente pequeño, poca cosa, casi insignificante. Ese es uno de los efectos que se quería conseguir y realmente se consigue.
         Todas las vidrieras claras como cristales de esta nave principal se pusieron nuevas pues las originales se rompieron cuando el terremoto de Lisboa, allá por el 1755. Para llegar hasta aquí el terremoto no debió ser ninguna tontería.

         Y uno avanza despacio, mirando hacia arriba y hacia los lados. Por todas partes es inmenso, pero sobre todo se mira hacia arriba, hacia allí se va la vista. ¿No es ese el lugar de Dios?
         Al lado izquierdo de la entrada hay unas tumbas que siempre me llamaron la atención. Son las tumbas más antiguas de la catedral, son tumbas en las que se nota el paso del románico al gótico. Siempre me gustó mirarlas, estas y todas, y solo porque sí. Me impresionan las figuras yacentes, tan inamovibles, tan estáticas, tanto que parece que siempre han sido y han estado así, que nunca han sido personas.
 Son figuras que me dan la sensación de lo eterno. Y junto a la gran estatua yacente están esas figuritas gastadas, muchas ya rotas, que dan como vida al sepulcro, que no sé lo que significan ni tampoco me importa mucho, pero que me parece que mueven lo inmutable, lo inamovible.  Mirar estas sepulturas siempre ha supuesto para mí como sentir un aliento, un algo que viene de siglos.
         Al lado derecho hay un retablo pequeño: el de San Pedro, que consta de tres tablas del siglo XV. Cuando era niño y jovencito este era uno de los lugares donde me paraba a mirar. Era un mirar contemplativo, en el que solo miraba y no pensaba ni en lo que significaba, ni en la composición, ni en el color, ni en nada. Solo sé que me gustaba mucho mirarlo, sobre todo los fondos de los laterales. Eran ciudades y paisajes con un encanto especial, eran ciudades ingenuas, dulces. Eran ciudades de ensueño.

jueves, 10 de enero de 2019


LA CATEDRAL DE AVILA (2)

           Esta es el aspecto actual de la puerta principal de la catedral. Pero el proyecto original no era este, sino la recreación fotográfica que se muestra.  (fotomontaje)

            Hasta el 1470 su aspecto era este, con una portada gótica, cobijada por un pórtico y adentrada un tramo para proteger las estatuas de la intemperie.  Esta portada se trasladó a la parte norte donde actualmente está. (la torre de la derecha de la foto lógicamente no era tan alta ni tenía reloj)
            Esta portada gótica se hace sobre el 1300. Se le llama la puerta de los apóstoles, nombre que no es nada original, pues están los 12 apóstoles, no como en la iglesia de San Vicente en que solo había 10.


            En el tímpano está Cristo Juez en mandorla, posiblemente procedente de otro proyecto anterior de la catedral, rodeado de ángeles turiferarios (si os dicen eso contestad: ¡Eso lo serás tú! porque como no sabéis lo que os llaman así os curáis en salud) en dos niveles. Los ángeles turiferarios son los que echan incienso.
             Por buscar esta palabreja me entero que para los expertos en la angeología (parte de la teología que estudia los ángeles) hay tres grupos: los adorantes, los ceroferarios y los turiferarios. ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo?
           Los tres grupos están estrechamente vinculados entre sí, porque todos rinden honores al Altísimo, la Virgen María y a los santos. Según la tradición más aceptada incensar es alabar (es lo que hacen los turiferarios), de donde sabemos que se inciensa para alabar a Dios. Lo mismo ocurre con los ceroferarios. Sus cirios rinden honores a Dios, María y a los santos como los cirios de los paganos rendían honores a sus difuntos. Pero lo más importante es que todos estos tipos están unidos por una máxima común, el principio de que la liturgia terrestre imita la celeste. Lo que se pretende al representar a los ángeles adorantes, ceroferarios y turiferarios es reproducir la liturgia del cielo que es la misma que la de la Iglesia, pues es la única verdadera y querida por Dios.

            Debajo hay escenas de la Pasión, como la Última Cena o el Lavatorio de los pies.


            Hay cinco arquivoltas con escenas referentes a la resurrección de los muertos, la condena de los pecadores o los Ancianos del Apocalipsis. Esto es lo que se dice en todos los textos de internet referidos a este tema, pero no he encontrado ningún estudio en el que se haga un análisis de las figuras ni a su distribución,

            ¿Qué significado darles a estas dos figuras? ¿Una es la muerte llevando en un cesto a unos hombres? ¿Y la otra qué representa? Ha pasado un siglo desde la más pura simbología románica en que según una tendencia entre los expertos, todo lo esculpido tenía un significado, a otra época en la que ya no hay casi ningún símbolo. ¿A qué es debido este cambio? No lo sabemos. Lo que sí vemos es que en el mundo gótico no hay casi ninguno de esos animales fantásticos que poblaban los edificios románicos. ¿Cambio de mentalidad? ¿Cambio de gustos? Quizá haya de todo un poco.


            La Puerta Occidental o puerta principal, una vez quitada la puerta gótica original, es una superposición de estilos, que se terminan en el siglo XVIII.
            En los laterales encontramos la presencia de dos monstruos procedentes de algún palacio que a alguien se le ocurrió que ahí quedarían bien. Yo siempre escuché esta versión, pero ya he leído que algunas personas dicen que custodian y protegen la entrada del templo recordando al visitante que entra en un lugar sagrado.
            Otros van todavía más allá y dicen que son Gog y Magog, que se nombran en el libro del profeta Ezequiel y luego en el Apocalipsis y son el paradigma de los pueblos lejanos a los que Satanás, después de los mil años del reinado de Cristo, reclutará para la batalla final contra el pueblo elegido de Dios. Esta batalla, sin embargo, no tendrá lugar porque, como dice Ezequiel, caerá fuego desde el Cielo para destruirlos, después de lo cual el Diablo y sus seguidores serán atormentados en un lago de fuego y, tras el Juicio Final, llegará la Nueva Jerusalén. ¿Y qué pintan estos seres a la entrada de la catedral si son enemigos de Dios y lucharán contra él?
            Yo alucino con estas cosas pues las veo como producto de una mente ociosa y calenturienta, de alguien que lo escribe y que luego se repite sin que nadie cuestione su veracidad. A mí me parece más lógica la primera versión, pero este es un tema que puede dar mucho de sí, tanto como para hacer hasta tesis doctorales. ¡Si alguien se atreve pues ánimo!

            En la parte este de la catedral hay un magnífico torreón que rodea a las capillas de la girola de la catedral, las cubre y forma un gran bastión defensivo. Es como una fortaleza dentro de la fortaleza que son las murallas.
            Hacer esto supone resolver problemas arquitectónicos como la iluminación del altar de la catedral y el encaje de la misma en las murallas.
            En aquella época si algo sobraba era sitio. La catedral se habría podido edificar un poco más hacia el oeste, o las murallas un poca más hacia el este, y no habría habido ninguna interferencia. Hacerlo como se hizo era la manera más difícil. No sabemos las razones ni las sospechamos, pero alguna razón tuvo que haber. Otro tema de estudio que puede ser interesante.

lunes, 7 de enero de 2019


LA CATEDRAL DE AVILA (1)

         Mis padres vivían al lado de la catedral y por lo tanto es un lugar muy familiar para mí. Desde el suelo se ve así la fachada, como en la foto de las dos niñas. Desde un balcón de las casas de la esquina se ve así de bonita.
         Está sin terminar, se acabó el dinero. Le falta otra torre y en la parte de atrás del edificio se ven ladrillos en el crucero. Eran ladrillos provisionales, pero se han quedado definitivamente, por lo menos llevan unos pocos siglos.
         La catedral se comienza a finales del s. XII y se finalizan las obras en el s.XVI, precisamente en la época de más esplendor e importancia de Ávila como ciudad. Paradojas del destino.
         En la explanada de la parte norte, donde se ve ese grupo de personas en la foto, he jugado muchas veces. En verano a la pelota, pero siempre vigilando que no viniese ningún guardia pues algunos no nos dejaban y nos quitaban la pelota y otros no nos decían nada. No entendíamos porqué unos nos dejaban y otros no, pero por si acaso al ver alguno cogíamos la pelota y nos íbamos corriendo.
         En invierno, cuando nevaba, los niños nos poníamos en fila a pisar la nieve y hacíamos una especie de pista para patinar. Las que hacíamos en esa zona de la catedral eran las mejores de toda Ávila. Eran largas, por ellas se iba muy rápido, nadie las estropeaba y duraban tiempo y tiempo. De mayor no he vuelto a ver a los niños hacer esas pistas de patinaje.
         El mayor atractivo de la catedral estaba en la parte sur, en la calle de la Cruz, cuyo nombre se puso en 1605, según está grabado en el muro.
                Esta calle forma un ángulo recto y su entrada sur se ve así.  

              La otra entrada, la oeste se ve así.
           Ahí se ve la cruz para que nadie dude de su nombre. Los muros del fondo y de la izquierda de la foto son de la catedral.

         En los relieves de la parte alta que hay encima de la cruz están representadas la vida como una joven y la muerte como una calavera con la guadaña y una persona tumbada. De estos relieves toma el nombre de la calle de la Muerte y la Vida, que es la que más se conoce.

         Cuando yo era niño no había luces en esta calle y era toda una proeza atravesarla por la noche. Si lo hacíamos era en grupo, pues hacerlo solo era una hazaña de los muy valientes. Las travesías en solitario tenían que ser comprobadas. Un grupo se ponía en un extremo y otro grupo en el otro. El valiente salía de un grupo y llegaba hasta el otro y luego nos juntábamos para certificar que lo había hecho. Yo conocí a dos niños que atravesaron la calle solos, siempre tuvieron una fama indestructible de valientes.