jueves, 20 de diciembre de 2018


BASÍLICA DE SAN VICENTE
            La ciudad de Ávila es Patrimonio Mundial de la Humanidad, por sus murallas y sus iglesias románicas. Entre todas estas iglesias destaca la llamada de San Vicente, pero en realidad el nombre completo es de San Vicente, Santa Sabina y Santa Cristeta.
         Es un templo que se hace entre los siglos XII y XIII y es una joya del románico español. Se restaura en los siglos XIX y XX. Ya ves las fotos generales del edificio y volveré sobre alguna de ellas para explicarte lo de la cripta.
         Sobre este edificio leí mucho en mi adolescencia, en la biblioteca del Rastro y lo visité muy detenidamente.
         Vamos con las puertas. Conserva tres. En la del norte hay cinco esculturas que se cree que proceden de la primera iglesia que se hizo y que se derrumbó. Fíjate como el escultor aprovecha la forma de la construcción y adapta a ella la forma de la escultura.
         En la izquierda está la Anunciación, y la Virgen está agachada aprovechando la forma de la puerta. Las vestiduras están muy plegadas y esto es indicativo de que se hacen más tarde que las otras, en el siglo XIII
 En la derecha hay un personaje que no sabemos bien quien es: ¿el rey que manda la construcción? ¿el rey David, como guardián de la casa de su descendiente? (Jesucristo desciende de la casa de David)
. Los otros dos personajes tampoco sabemos quiénes son, pero observa el estilo tan diferente en la forma y pliegue de los ropajes de las figuras anteriores.
         Esta escultura es de una gran calidad plástica, de un alto valor artístico. Todas las líneas negras que he señalado (lo he hecho a mano y por eso están movidas) forman como un circuito que atrapa a la vista en cualquier punto y la obliga a recorrer toda la figura, y a detenerse en el pecho o corazón (donde está el alma), dando a entender el buen corazón, la buena persona, que es este hombre para nosotros desconocido.
           El arte románico es un arte muy simbólico. Todo en la Edad Madia lo es, y las iglesias están llenas de símbolos relacionados con la religión y con Dios. Algunos son inventos de la época, pero la mayoría de estos símbolos vienen de Mesopotamia (2000 a.C), Egipto (fechas similares), Grecia y otros países de menor importancia.


         Fijémonos en algún detalle de esta foto. Los adornos son círculos (símbolos de la perfección de Dios) con tres hojas en su interior (las tres hojas representan la Santísima Trinidad); y alrededor de los círculos hay como plantas. En las antiguas culturas hay dos dioses: uno el Dios del cielo que es hombre y que para los cristianos es Jesús; otro es el Dios de la Tierra que es mujer y es la que da la vida y fecunda la tierra.
         En el cristianismo se intenta unir los dos y se crea la figura de la Virgen María y en arte se representan las hojas y plantas en un intento de apropiarse de las dos corrientes. 
         Todo el arte románico es riquísimo en simbología y no tengo los conocimientos suficientes para irte explicando todos los capiteles y su simbolismo.

         Estas dos fieras pueden ser leones, pero que además de su simbología: fuerza, poder, tienen una gran belleza plástica por lo elegante de su curvatura y lo bien acomodados que están al espacio existente.




         Las palomas representan varias cosas: la paz, la fidelidad, el Espíritu Santo y la Vida Eterna y son muy frecuentes en la iconografía románica. Aquí nos están indicando que se entra a un lugar de paz, donde habita el Espíritu Santo, al que hay que ser fiel y que se nos recompensará con la vida eterna. 







lunes, 17 de diciembre de 2018


EL RASTRO
         El gran paseo de Ávila es el paseo del Rastro. A un lado las murallas, al otro unas vistas magníficas del valle Amblés.

         En esas piedras jugábamos todos los niños y eran nuestro mundo fantástico. Allí estaban nuestro coche, nuestro avión, el caballo, la cabaña, la diligencia. “la roncha” (el tobogán de piedra), los castillos encantados y los lugares donde esconder nuestros tesoros.
         Aquí el valle Amblés está con nieve . Esa torre es de la iglesia de Santiago, el barrio musulmán hasta la época de Felipe II o Felipe III, que los expulsó de España. Como lo que había era cosa de “moros” y había que cuidar por la ortodoxia católica, todos sus edificios o se reutilizaron o se destruyeron.
 Hace unos 15 años se descubrió un inmenso cementerio musulmán, pero como estos hombres son muy sencillos en los enterramientos, se cogieron algunos restos para estudiarlos y luego se construyeron casas en ese lugar.  ¿Se habría hecho lo mismo si hubiese sido un cementerio cristiano? Imagino que no.
   

      Y hacia el valle, en verano, pues se ve esto. En la base de aquella montaña nevada (la Serrota) de la foto de abajo está el pueblecito donde estuve como maestro durante 20 años. Unos años en que fui muy feliz, tanto personal como profesionalmente.
         Y donde está este banco me sentaba cuando era un jovencito, 14, 15, 16, 17 años. Teniendo frente a mí todo lo que se ve en la foto anterior.
         Allí estaba el viejo edificio de la Biblioteca que durante el verano prestaba libros para leer en el jardín, y los de esta biblioteca fomentaron y saciaron mi afición a la lectura. Durante el verano iba casi todas las mañanas a leer allí. Primero cuentos, luego novelas de aventuras y cuando crecí más todos los libros de historia y de arte. ¡Con qué agrado recuerdo muchas de aquellas lecturas!

         Y las murallas siguen. Se construyeron sobre rocas muy altas a las que solo subíamos de mayores. Estos lugares no eran para niños pequeñajos.Aquí estaba el antiguo matadero y desde aquí llevaban los animales muertos en un carro hasta la carnicería que mando construir Felipe II, y la sangre de los animales iba dejando un “rastro”, de ahí el nombre del paseo.
         La catedral tiene una parte en la muralla. Esta es una escalera de entrada a la capilla de San Segundo, primer obispo de Ávila. Era el lugar más maravilloso que había para los niños en el verano. En los días calurosos un empleado del ayuntamiento iba regando las calles, y cuando llegaba por aquí los niños subíamos a lo alto de las escaleras y decíamos: “La manga riega, que aquí no llega, y si llegara no me mojara” El señor enchufaba la manga hacia nosotros y procurábamos aguantar agachados detrás de la baranda, llenos de emoción. Si nos mojaba, como era verano, enseguida nos secábamos. 
         Podría seguir contando cosas que hacíamos en la muralla, pero lo mejor es preguntárselo a ella. Lleva 10 siglos aquí ¡Y la de cosas que nos podría contar!

domingo, 16 de diciembre de 2018

PALACIOS Y CASAS


         De los romanos, que estuvieron aquí varios siglos (unos 4 ó 5) hay solo restos. No hay ningún monumento de ellos. Vinieron en plan militar a controlar a los Vetones que era el pueblo que vivía en esta zona. De ellos quedan restos muy pobres pero muy interesantes. 
           Por esta calle iba casi todas las mañanas al colegio. Me gusta mucho esta calle. Las losas de las aceras están desgastadas de pisarlas durante tantos siglos (el centro de la calle lo arreglaron hace poco). De niño iba como dando zancadas de losa en losa, ahora, de mayor, voy mirando por donde piso y me considero como un poco heredero de los hombres y mujeres que han pasado por aquí con sus problemas, sus ilusiones y desengaños que casi seguro eran similares a los míos.
         Mirando hacia atrás se ve la casa de las Carnicerías, un edificio que mandó construir Felipe II para que sirviera como carnicería y que así ha sido hasta hace pocos años (8 ó 10). Creo que son escasos los edificios que durante varios siglos han cumplido la función para la que fueron levantados. En la parte central está el escudo de Felipe II, que como ves no es pequeñito, y así se ve perfectamente.
         Cuando iba al colegio, muchas mañanas, veía a un anciano de pelo y bigote blanco salir de la carnicería. Iba vestido de oscuro y con un pequeño paquete en la mano. Yo le miraba. El no me miró nunca. Yo sentía por aquel anciano una mezcla de sentimientos: pena, tristeza, admiración, consideración, respeto y algún que otro sentimiento que ahora se me olvida. Hubo un momento que no le volví a ver más. Moriría hace muchos años. ¿Y por qué surgieron en mí aquellos sentimientos? ¿Por qué me sigo acordando de él? No lo sé. En la calle y en el lugar en que coincidíamos aún perdura su recuerdo.
         Y pegada a la casa de las carnicerías está la antigua CASA DE MISERICORDIA, también del siglo XVI, con la estatua de San Martín repartiendo su capa con un pobre. Era una especie de albergue y hospital para los más pobres, para los que no tenían nada. Un poquito más abajo está el almacén lapidario del Museo Provincial de Ávila. Allí hay muchos restos de verracos, pero al aire libre también los hay.

          Y aquí están dos de esos restos tan interesantes de los vetones: un tosco toro de piedra. Hay muchos por toda la provincia.  Su utilidad no se conoce bien, pero se barajan tres hipótesis: eran imágenes protectoras del ganado; indicaban los lugares de paso de los pastos de verano a los de invierno, es decir, las rutas de la trashumancia; marcaban las zonas que eran para el ganado.
         De niños no jugábamos casi nada con ellos. Eran demasiado altos para subir, tenían un aspecto muy soso y muy estático y no nos sugerían nada. Así que los dejábamos que siguiesen en paz.
         Al lado del almacén lapidario del museo, está el museo provincial. antiguo palacio de los Deanes del siglo XVI.
         Estos palacios castellanos son austeros, espartanos, y no tienen nada que ver con los palacios franceses o italianos de la época. En esta época el lujo era para Dios. Para los hombres no era necesario .
         Cuando yo era niño este palacio era una escuela, la escuela del puchero, llamada así por un puchero que había en el pináculo central, el más alto. Todos los niños de aquella época intentábamos romper el puchero con piedras, que tirábamos cuando no había escuela y cuando no pasaba nadie. Pero nunca lo conseguimos. Para nosotros había algo mágico que le protegía.
         Esta zona era el barrio del Renacimiento pues aquí se construyeron muchas casas y palacios durante el siglo XVI. Ávila es la ciudad española que más edificios civiles conserva de esa época.



Entonces Avila era muy importante: aquí veraneaban los Reyes Católicos, aquí está enterrado su hijo, Don Juan, aquí venía con frecuencia Carlos I y aquí se educó y salió vestido de hombre Felipe II. Pero todo pasa.
         ¡Qué bien se pueden aplicar aquí los versos de Jorge Manrique!
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir:
allí van los señoríos,
derechos a se acabar
y consumir;

¿Qué se hizo el rey don Juan? (el hijo de los reyes Católicos enterrado en Ávila)
¿Los Infantes de Aragón,
qué se hizieron?
…………………………
Las justas y los torneos,
…………………………..
¿fueron sino devaneos?,
¿que fueron sino verduras
de las eras?


         Y todo aquel esplendor pasó. Y siglos después la ciudad estaba en una total decadencia, pero los niños seguíamos siendo niños y jugábamos con cualquier cosa y éramos felices. Entonces no había coches, no había ni hadas ni princesas, solo había carros de bueyes y mulas, pero toda Ávila era para nosotros. ¿Qué más podíamos querer?

         Muchísimas casas, que eran del siglo XVI, tenían patios con columnas y… ¡qué bien se jugaba allí al pilla - pilla! ¡que de rincones había para sentarnos todos los niños arrimaditos a contar nuestras cosas! Y las columnas, que llevaban escuchando a los niños desde hacía siglos, nos acogían y en cierta manera nos protegían. Además, así se sentían acompañadas.
LAS MURALLAS

         Ávila está muy unida afectivamente a mí. Aquí pasé mi niñez y mi primera adolescencia y casi toda mi vida como adulto. Cuando voy andando los recuerdos me asaltan. En todos los rincones me pasó algo, sentí algo, tuve ilusiones y desengaños, y en muchas ocasiones los cuento. Pero olvidémonos de mí y pasemos a Ávila.
         Estas son las mejores vistas del conjunto amurallado de Ávila. Las murallas se construyen a finales del siglo XI y comienzos del XII y se tarda solo 12 años en hacerlas. ¡Todo un record para la época!
         Son las murallas de esos siglos mejor conservadas de toda Europa. Rodean toda la antigua ciudad.
         Son unas murallas sólidas, potentes, poderosas. Cuando veo murallas de otras ciudades y las comparo con estas de Ávila, las otras me parecen como tapias de un convento.
         Se acababa de conquistar Toledo, y el rey Alfonso VI, temiendo contrataques musulmanes hizo toda una línea defensiva por Ávila, Segovia, Cuellar, Sepúlveda, etc. Las murallas de Ávila eran tan inexpugnables para la época que nunca se atacaron. Hasta su base llegaron asaltantes, pero al verlas se dieron media vuelta.
         En invierno, cuando nieva, los niños veníamos a deslizarnos en trineos que hacíamos con tablas. Entonces no había plásticos. Era muy divertido jugar allí. Pero era un juego solo de niños, las niñas no iban allí.
         El punto débil eran las puertas de entrada y por eso se hacían más altas y con torreones altísimos de fácil defensa. Esta es la puerta de San Vicente. La más imponente de la ciudad junto con la del Alcazar.
         Ahora hay jardines, pero cuando yo era niño estaba como se ve en esta antigua postal. En esa explanada jugábamos los niños al fútbol y era el “Campo del honor” el lugar donde echábamos nuestras peleas y dirimíamos nuestras diferencias.
         Estoy hablando de mis 8, 9, 10 años. Jugábamos en nuestro barrio y las peleas con los de otro barrio colindante (eran peleas territoriales) se hacían aquí. Quedábamos un día a una hora. Los dos bandos nos poníamos enfrente uno de otro. Antes habíamos recogido piedras, y a una señal empezábamos a tirárnoslas. A esas piedras pequeñas también les llamábamos cantos y la pelea era una “cantea (de tirarnos cantos)”. La pelea se terminaba cuando algún niño de uno de los bandos recibía una pedrada y se ponía a llorar. Lo terrible era cuando la pedrada se le había dado en la cabeza: todos temíamos que viniese la policía y nos metiese en la cárcel. Aquella costumbre afortunadamente pasó.
         En Ávila hubo un campamento romano y toda esta zona era el cementerio. Las piedras de las tumbas se utilizaron para hacer la muralla.
         En esta foto se ven hileras de piedras oscuras y grandes y otras hileras de piedras pequeñas y de otro color. Las oscuras son lápidas romanas. Muchas tienen inscripciones funerarias en las que se dice más o menos: “Aquí yace … hijo de … muerto en… el… QUE LA TIERRA TE SEA LEVE”
         En eso del recuerdo a los muertos me parece que los humanos hemos cambiado poco.